lunes, 22 de junio de 2015

Relato (Proyecto junio Adictos a la Escritura): Brasa

¡Hola!

De nuevo, un relato para el ejercicio de Adictos a la Escritura de este mes. Esta vez, la temática tenía que centrarse en el calor (¡llega el verano!). No sé exactamente si mi enfoque es muy adecuado, pero fue lo único que se me ocurrió. A veces pienso que siempre, por más que intente innovar y escribir sobre otros géneros, acabo recurriendo a lo mismo: aventuras y fantasía épica. Ya tengo este género como el comodín de reserva de la baraja cuando no se me ocurre nada más. Simplemente puede que sea lo que mejor se me dé, pero diría que más bien es lo que más fácil me resulta y cedo a la vaguería. En este blog tengo la impresión de que siempre escribo sobre lo mismo xD También tengo la manía de crear protagonistas sin nombre.

Pido disculpas de antemano por las posibles inconsistencias que podáis encontrar en las descripciones, lo cierto es que no tengo la menor idea de lo que siente una persona en la situación del protagonista y he tenido que recurrir a licencias imaginativas (sí, seguramente esta combinación de palabras no exista).

A pesar de todo, espero que disfrutéis del relato. Yo disfruté escribiéndolo.


Brasa



El aire caliente le llegaba en ondas tórridas abrasándole la piel. Podía notar cómo su sudor resbalaba y caía, evaporándose antes de tocar el fuego. Era un contraste curioso: era una noche fría, en pleno invierno. No sería extraño si a la mañana siguiente amanecían cubiertos de nieve. Aunque él no amanecería, o en todo caso lo haría en los estómagos de aquellos malditos caníbales.

El calor era lo suficientemente sofocante para que le costara respirar. Y cuando lo hacía, aspiraba humo. Humo caliente que quemaba su garganta y su pecho. El sonido del chisporroteo de la leña arder, bajo él, le recordaba su triste final.

Lo habían atrapado. No podía creer que hubiese sucedido tan fácilmente, ni tan rápido. Sabía luchar, pero lo habían cogido por sorpresa y lo habían superado horriblemente en número. 
Los salvajes a su alrededor bailaban y entonaban cánticos que se le asemejaban a graznidos de cuervos. Aún notaba en su cuello la picadura de la aguja paralizante que le habían clavado. Lo mantenían aún vivo, con intención de que muriera al mismo instante de ser asado, ya que así para ellos “la carne sabría mejor”. Malditos sádicos. Colgaba, atado de manos y pies, de un palo en posición horizontal. Éste se apoyaba en 2 anchos pilares creados a partir del hacinamiento de leñas de madera, fijados sólidamente en el suelo sin aspecto de derrumbarse. 

Estaba desnudo, expuesto y ungido en aceites que sólo hacían las cosas peor, ya que quemaban su piel. Sudaba como un cerdo en un horno, lo que no era una comparación tan desacertada. Para los salvajes no era más que carne, deliciosa carne. Su pelo largo colgaba en el aire, las puntas empezaban a quemarse. Por suerte, desde su posición encaraba al cielo estrellado, así que el asfixiante humo no llegaba directamente a su cara y no quemaba sus ojos. Aún así, sentía que dentro de poco comenzaría a toser. Su nuca y su espalda debían de estar tan rojas como un cangrejo.

Era sin duda una tortura lenta. Se sintió atrapado en una sauna cuya temperatura no hacía más que subir. El aire le azotaba como brasas ardientes; y aquello aún no era nada, ya que aún colgaba a una altura prudencial que evitaba que realmente se quemase. Sin embargo, en cuanto los salvajes terminasen aquel ritual demoníaco dedicado a un dios igual de salvaje que ellos, sería sin duda calcinado.

Siendo explorador (y en su caso particular, también ladrón y asesino), había pensado muchas veces en su posible muerte. Ésta era como una especie de amiga traviesa, aguardando tras cada esquina, jugando interminablemente al escondite con él, sin enseñar nunca su rostro. Había tirado monedas al aire apostando si su muerte sería hermosa y efímera, o terrible y lenta. Aquella noche parecía que había hallado la respuesta por fin.

Los salvajes terminaron su cántico y aquellos que le custodiaban comenzaron a sustraer leñas de los pilares— mientras otros sujetaban el poste al que estaba atado— para descenderle hacia el fuego. El dolor en su espalda se hizo insoportable, seguramente le habrían comenzado a salir ampollas. El sudor se evaporaba antes de salir de sus poros. A medida que descendía, comenzó a ahogarse. Pudo sentir su cabello tocando el fuego e incendiándose . ¿Cuánto tardaba alguien en morir quemado? No lo sabía.
El fuego finalmente alcanzó su nuca y la rozó, quemando su piel. Aquello le dio la certeza de que sufriría, mucho. Jadeó agónicamente, el aceite en su cuerpo no mejoraba su situación y tan sólo convertía el fuego seco en brasa aceitosa. Comenzó a oler a carne quemada, y lo peor de todo aquello fue lo normal que le pareció. Como el conejo que él mismo había asado aquel mediodía. Sólo era olor de carne.

Estuvo a punto de empezar a gritar— no le servía de nada ser valiente y soportar en silencio la agonía en esos momentos— cuando de pronto sintió una violenta sacudida, como un impacto, y fue lanzado con fuerza al suelo, lejos de la hoguera. Cuando pudo parar de toser y dejar de verlo todo rojo, aún con el cuerpo sofocantemente caliente, divisó a través del humo de sus ojos que estaban todos muertos. Unas finas y delineadas piernas, envueltas en cuero ligero, caminaron hacia él.

— ¿Te separas un momento del grupo y la próxima vez que te encuentro ya estás siendo calcinado vivo? — resopló con desdén una voz femenina. La reconoció. Subió su mirada y vio a una joven de piel morena, pelo corto y rostro afilado observándole desde arriba. Unas brillantes cuchillas, finas como agujas, aún relucían en su mano.

Respiró con dificultad, notaba su garganta seca y el aire que inspiraba le dolía. Detrás de la chica, la hoguera aún se alzaba, viva, alta y letal, recordándole lo que podría haber sido de él de no haber sido rescatado a tiempo.

— Me cogieron por sorpresa. Y me superaban en número — masculló.
— A mí también me superaban en número — terció con altanería — ¿Qué se siente al tener el culo salvado por una mujer?

Era verdad. A ella también la superaban en número. Pero, al contrario que él, el factor sorpresa estaba de su lado, y los había pillado desarmados y relajados, con la atención centrada en otra parte (concretamente, en él). Para cuando quisieran darse cuenta, ya tendrían una cuchilla clavada en la garganta. Al fin y al cabo, el apodo que se había ganado su letal compañera no era casualidad: Nayara la Rápida, la llamaban.

Sin embargo, no tenía ganas de discutir. Tampoco estaba realmente en posición de hacerlo. Seguía desnudo, tirado en el suelo y atado a un palo. Y acababa de ser salvado, al fin y al cabo. El dolor en su espalda le indicaba que seguramente tendría algunas quemaduras leves, y la piel de su nuca debía de estar despellejada. Su antaño pelo largo y brillante, si aún existía, debía de estar zarrapastroso y quemado. Realmente estaba en una posición humillante.

— Desátame, Nayara — se limitó a gruñir, y soportó la risa cantarina de ella.


Como siempre, ¡gracias por leer!






miércoles, 21 de enero de 2015

Fanfiction (DRAMAtical Murder re:connect) + My Anime List

¡Hola!

¿Cómo estáis? Esta entrada es para informar de 2 cosas:

1. Estoy escribiendo un fanfiction. Concretamente, estoy continuando uno de los diversos finales alternativos del juego para PC DRAMAtical Murder re:connect. Es el segundo fanfiction que escribo en toda mi vida (el primero fue la continuación de Fairy Oak), con el que he confirmado definitivamente mi afición por continuar las historias xD
La cuestión es esta: me planteé publicarla en el blog, al igual que mi primer fic. Sin embargo, al final decidí que no ya que seguramente muy poca gente de aquí conocerá el juego y no tenía caso publicar una cosa tan específica y de poco interés. De todos modos, os informo igual y os dejo el enlace de la historia por si alguien se ha jugado el juego o tiene curiosidad por leer :D


Actualmente estoy publicando mi fic por Fanfiction y por Amor Yaoi. El fic, al igual que el juego, es yaoi (romance entre dos chicos) porque este verano decidí incursionar en este mundo y...digamos que fue mi perdición (yo antes era inocente, como la chica de la foto).

Sin embargo, no meteré escenas de sexo, y creo que ni siquiera besos, porque no van acorde a la trama xD Estoy continuando el final malo de Clear en re:connect (es la segunda parte de DMMD) y estoy sufriendo porque me hago daño a mí misma con tanto drama. Pero en fin, soy y siempre seré masoquista xD
Os dejo el enlace de mi perfil de Fanfiction y Amor Yaoi aquí. El fic del que os hablo es el único que he publicado así que podéis encontrarlo fácilmente.


También dejaré mis perfiles en los costados del blog, porque en el futuro, si escribo más fics, lo más seguro es que los publique por allí en vez de por el blog. Si la historia no es yaoi estará solo en Fanfiction, y si es del género estará en ambas páginas.




2. ¡Vengo a traeros mi perfil de My Anime List! Desde hace mucho (muuuucho) tiempo que llevo queriendo traer el manganime al blog, pero como nunca, hasta ahora, lo he hecho, al menos os dejo mi perfil completo para que, a los que os guste el mundillo, podáis saber en qué estoy incursionada en el momento. Llevo la lista actualizada y puntuada al dedillo. Y si también tenéis cuenta, ¡estaré encantada de agregaros! Ay...algún día definitivamente debo mostrar por aquí mi faceta de otaku sin remedio.


También dejaré mi profile de MAL en un costado del blog xD 


Como desde hace algún tiempo ya estoy pasando más bien poco por el blog, en estas 2 páginas podéis encontrar signos vitales de mí. Además, actualmente estoy bastante inmersa en el fic, que tiene ya 2 capítulos publicados. Planeo 5, y hasta que lo termine seguramente dejaré un poco de banda otros proyectos.

Poco más que contar, ¡muchas gracias por leerme, como siempre!



viernes, 2 de enero de 2015

Especial Navidad Adictos a la Escritura: Carta a los Reyes Magos

¡Hola!

¡Primera entrada del año! Antes de nada, me gustaría desearos a todos un feliz 2015 ^^ ¿Cómo os fue Nochevieja? Yo aún me siento rara pensando que estamos en un nuevo año.

La entrada es para el especial navidad de Adictos a la Escritura, consistente en escribir una carta a los Reyes Magos. Después de varios meses de baja, he decidido apuntarme de nuevo al grupo así que con este escrito estreno mi regreso. Estoy muy contenta de poder participar de nuevo en los ejercicios, echaba de menos Adictos.
Sin más dilación, allí va mi carta. ¡Espero que os guste!


Carta a los Reyes Magos



Queridos Reyes Magos:


Este año (bueno, lo que llevo de año) he sido bueno. Me he comportado. No he hecho que ningún viajero despistado se perdiera, ni he llevado a los niños que entraban al bosque a jugar al Corazón. Y eso en concreto me ha costado, pues los habitantes del Corazón realmente odian los llantos de los pequeños y sus caras de rabia no tienen desperdicio. Ayer incluso guié a un pobre hombre perdido al camino principal. Es verdad que alguna que otra vez he gastado algunas bromillas a algunos transeúntes, pero esos son asuntos menores. Así que sí, estos días diría que me he portado muy bien. 

Nunca antes os había escrito así que seguramente mi nombre será nuevo para vosotros, pero siempre hay una primera vez para todo. Confío en que os gustará saber de mí. Bueno, en realidad tenéis que repartir un regalo más, así que no sé si os gustará tanto, pero yo estoy muy contento de poder escribiros. Siempre me gusta hablar con caras nuevas. De hecho, me encantaría que me respondierais a esta carta contando cómo os va. 

Y si nunca os había escrito, ¿cómo es que he decidido de pronto hacerlo ahora? Os preguntaréis. Bien, la respuesta es sencilla: no conocía sobre vuestra existencia hasta hace poco. El anciano nos cuenta muchas cosas sobre el mundo humano, pero describen tan solo una ínfima parte del cuadro real. Al final, se aprende mucho más de los humanos mismos. Y ayer escuché una conversación de lo más interesante, que trataba de vosotros. Se ve que durante estos días los niños os escriben cartas pidiendo los regalos que quieren, y vosotros los repartís por el mundo. ¡Qué maravilla!

“¿Qué puedo perder?” pensé, así que cogí pluma y papel y voilà. 

Iré directo al grano: quiero una nintendo DS. Pero no una normal, quiero una con energía inagotable. Os sorprendería la cantidad de consolas que se llegan a perder por aquí de excursionistas descuidados o de niños olvidadizos a lo largo de los años. Sin embargo, ¡la batería no dura nada! Hasta ahora nunca he conseguido pasarme ningún juego sin que se me apagara el aparato antes. No os podéis imaginar lo frustrante que resulta. ¡Tengo una colección de juegos inacabados a cuyo final no llegaré nunca! En el bosque no hay manera de recargar las consolas, así que tristemente se dirigen todas hacia una muerte inevitable. Es realmente horrible. ¡A veces incluso he llegado a tener pesadillas con este hecho!

Así que por favor, por favor os lo pido. Estos días del nuevo año realmente me he esforzado en ser bueno, y me haríais el habitante más feliz del bosque, así que por favor, os lo ruego, traedme una nintendo DS con batería infinita. Os lo agradeceré eternamente.

Os quiere,

Castañín




jueves, 13 de noviembre de 2014

Relato: Círculo

¡Hola!

Hacía varios meses que no me pasaba por aquí, y echaba de menos esto, así que paso para dejar un breve relato. Es relativamente reciente, lo escribí por mayo, a finales de segundo de bachillerato (ahora soy oficialmente universitaria). Espero que os guste a los que decidáis leerlo.

Círculo

Desde la ventana azul Clara ve las diferentes formas que adopta el mundo. En ese momento, su mundo está materializado en un gato. Un gato negro, esbelto, altanero. Cada día pasa por la calle de los Tulipanes a las cuatro y cuarto, de camino a la pescadería de Paco.

En un convenio no pactado con el dueño, ese es uno de los muchos lugares de encuentro social de los gatos, donde una vez al día se puede disfrutar de un rato agradable compartiendo unas sobras de pescado con los demás felinos de la ciudad. Por supuesto, él tiene que ir, puesto que es un gato muy solicitado.

A veces Lucía, la hija de Paco, les da de comer. Le gustan los gatos, y siempre intenta que su padre no los eche por si ahuyentan a la clientela. A menudo se le une Sofía. No son amigas cercanas—de hecho en el instituto tienen amistades diferentes—pero ambas comparten su gran afecto hacia los animales, y ha sido esto lo que las ha unido. Durante los ratos que pasan juntas dando de comer a los gatos las chicas aprovechan para hablar, un poco de todo.

Últimamente sus charlas tratan de un mismo tema. Sofía está desanimada. Le gusta su vecino, Daniel, pero sabe que es un sentimiento unilateral. A veces se pregunta si será demasiado tarde. Si él aún recuerda esas veces cuando quedaban de pequeños para jugar en la calle o en el parque del barrio; o esas veces en las que se quedaban en la casa del otro a cenar porque sus padres volvían demasiado tarde.
Quizá el distanciamiento que se ha ido estableciendo entre ellos al crecer se haya hecho demasiado grande e irrevocable.
A Sofía le gustaría decirle a Daniel que esos monótonos saludos que se dan ahora cuando se encuentran le duelen. Pero sabe que no hay manera de que ella signifique para él lo mismo que él significa para ella.

De hecho, los pensamientos de Daniel se centran en otra persona, una a la que justamente en este momento está mirando.  Se pregunta quién será esa chica que ve cada día en la ventana azul cuando vuelve de sus entrenamientos de básquet. Esa chica que observa el exterior con una mirada triste, pero que nunca lo ve a él.
Daniel no la ha visto ni una sola vez en alguna otra parte de la ciudad, solo en esa ventana. Nunca ha intentado acercarse a hablarle, tampoco le ha hablado a nadie de ella. Se limita a mirarla de lejos cada día, intrigado, atraído, guardando con cuidado su propio secreto íntimo. Para él es la chica de la ventana azul, la chica a la que siempre mira mirar pero nunca sabe qué es lo que ve.

Clara mira a un gato, sin embargo ignora adónde se dirige. Ella no sabe que está siendo observada por un chico, que el chico tiene una vecina, que la vecina tiene una amiga, y que juntas dan de comer a unos gatos en la pescadería de un hombre llamado Paco. Y que es hacia esa pescadería adonde va el gato, y que por eso pasa cada día por la calle de los Tulipanes a las cuatro y cuarto.


Desde la ventana azul Clara ve cada día pasar a un gato negro. A veces se pregunta si también verá pasar a la vida.



Como siempre, gracias por leerme. 




martes, 28 de enero de 2014

Relato (proyecto enero Adictos a la escritura): El Bosque de los Ecos Huyentes

¡Hola!
Os traigo el proyecto de Adictos de este mes, "Escritura sorpresa". La imagen que escogí fue esta, y por consiguiente, el género que me tocó fue el terror.


Antes de empezar, me gustaría explicar que este relato para mí es importante. Es es el primero que escribo desde junio. Durante este tiempo, he tenido un parón de 7 mesesinterrumpido tan solo por un microrrelato puntual y algunas reflexionesen el que no he logrado escribir nada medianamente largo y en condiciones. Y no sabía cuándo esta pausa finalizaría.
Asimismo, también es el primer ejercicio que presento para Adictos desde hace más de un año, concretamente desde mi último proyecto en diciembre de 2012.
Por eso, haber escrito esta historia para mí significa un paso.

Releyéndola, me he dado cuenta de que he perdido algo de práctica. Algunas partes no están tan bien escritas como deberían, y en otras la acción se precipita demasiado. Sin embargo, supongo que esto se basará en reenganchar y volver a engrasar las tuercas.

Aún así, estoy contenta de haber vuelto a escribir y participar en Adictos.

Dejando de lado este pequeño discurso, espero que disfrutéis con este relato a pesar de todo y que, al menos, os saque un pequeño escalofrío.


El Bosque de los Ecos Huyentes

Una sombra corría por un bosque en un eterno otoño. La pálida luz que se filtraba a través de las ramas más altas y la niebla se entremezclaban con un vaporoso y fino vestido blanco, ondeante, siempre en movimiento. La chica corría. Su cabello rojo, del mismo color que las hojas de los árboles que la rodeaban, flotaba junto al vestido. La chica corría. Sus descalzos pies eran imparables, apenas tocaban un segundo el suave suelo de tierra mullida y volvían a alzarse. La chica corría.

¿Por qué corría? Ella se lo preguntaba también. ¿Por qué? ¿Por qué llevaba un vestido blanco, fino, vaporoso? ¿Por qué el bosque tenía el mismo color que su cabello? ¿Por qué sus pies estaban descalzos? Se preguntó si estaba huyendo de algo. Pero no sabía de qué. De hecho, no notaba que algo la estuviera persiguiendo. Seguir corriendo de esa manera no tenía sentido. Y, como no lo tenía, se detuvo.

No se sentía cansada. Miró a su alrededor, pero el entorno siempre era el mismo. No sabía por qué se encontraba en ese lugar. No sabía su propio nombre. Simplemente, se encontró a sí misma corriendo.
No sabía qué hacer. Quizá intentar salir de ese bosque. Pensando eso, comenzó a caminar.

¿Qué era lo que quería? ¿Qué era lo que haría? Se preguntó quién era ella misma y cómo había llegado hasta allí. Sin embargo, fuera a donde fuera el paisaje siempre le parecía el mismo, eterno, inmutable. Ningún ruido, ningún animal, ningún cambio en la luz mortecina que iluminaba el camino. Solo árboles de hojas rojas y el sonido de sus propios pasos. A medida que pasaba el tiempo, su nerviosismo se acrecentaba. ¿Cuán grande era ese bosque? No sabía adónde se dirigía, pero caminar sin rumbo dejó de parecerle tan buena idea. Era posible que, lejos de acercarse a la salida, se estuviera adentrando aún más. Pero nada a su alrededor le daba ninguna mínima señal. Ni más espesor, ni más oscuridad. Nada.

A veces incluso se preguntaba si realmente estaba avanzando. Su propia concepción del tiempo era relativa y poco confiable, porque nada a su alrededor cambiaba y ella tampoco sentía cansancio, hambre o sed. Pronto tuvo la sensación de estar atrapada en un sueño, en una pesadilla eterna.

De vez en cuando le parecía ver siluetas que corrían a lo lejos, pero cada vez que intentaba perseguirles terminaba perdiéndoles el rastro. Sintió cómo, poco a poco, la ansiedad le inundaba. Ese bosque aparentemente pacífico y tranquilo empezó a parecerle hostil. Se sintió apresada, anclada en un mismo lugar como si hubiera paredes invisibles que ella no percibía. Fuera donde fuera siempre veía lo mismo, nada cambiaba. Ese bosque no acababa nunca. Comenzó a notar que estaba atrapada en un bucle interminable, en un espacio infinito del cual no podía salir, siempre con el mismo paisaje.

Sus nervios y su tensión se acrecentaban cada vez más. Su respiración también se volvía, poco a poco, más agitada. Decidió hacer una marca. Una marca en el tronco de algún árbol, con una piedra afilada.
Al finalizar, se quedó mirando el pequeño corte en la corteza durante largo tiempo. Sentía miedo. Miedo de avanzar y encontrar esa señal de nuevo, en algún otro lugar, aparentemente, más adelante. Sintió miedo. Sin embargo, poco a poco, se giró y siguió caminando.

No volvió a encontrar ese corte irregular. Pero, aún así, tuvo la sensación de haber llegado de nuevo al mismo escenario. Le pareció ver el mismo árbol, incluso la misma piedra que utilizó. Pero, sin embargo, ambos permanecían intactos y ella tampoco podía saber con exactitud si eran los mismos que había usado. Insegura, retrocedió y corrió hacia atrás, intentando volver al lugar del que partió. Pero ya no sabía dónde se encontraba, no sabía cómo regresar y no volvió a encontrar la marca.

Desesperada, comenzó a caminar con paso errático, dirigiéndose a todas partes y a ninguna, mirando a su alrededor y rezando por hallar tan solo un paisaje diferente, un lugar diferente al que encontraba siempre, algo… y lo vio. A lo lejos, vio algo. Una roca, un montículo de tierra, no lo podía discernir bien. Pero era un elemento que aún no había visto hasta entonces, estaba segura. Era un cambio, un nuevo camino que podría llevarla hacia un sitio distinto.

Esperanzada, se dirigió hacia allí. Pero no era lo que ella esperaba. A medida que se acercaba, el horror en su corazón aumentaba. La figura no era una roca, ni un montículo de tierra. Era un coche. Un coche destrozado, un coche que había chocado con el tronco de un árbol. Los cristales de las ventanas habían estallado, pero el interior del vehículo era pura oscuridad. Sin embargo, cuando solo se encontraba a unos pocos metros se dio cuente de que de la ventanilla del conductor salía algo. Era sangre, un hilillo de sangre carmesí que resbalaba por la puerta hasta llegar al suelo para fundirse con las hojas caídas del mismo color. Tuvo miedo de avanzar. Por un momento, pensó en dar media vuelta e irse de aquel lugar. Algo le advertía de que no le gustaría lo que iba a encontrar.

Sin embargo, irse solo suponía volver a quedar atrapada en el bucle. Era posible que ese camino fuese su única salida. Decidió rodear el coche. Sin embargo, algo en él la llamaba. Allí dentro había algo, algo que debía ver. Algo que le impedía alejarse. Dudó. La tentación era fuerte, pero el miedo también. Sabía que estaba cometiendo un error. Sin embargo, controlando sus temblores, comenzó a acercarse a la ventanilla poco a poco, intentando ignorar la sangre que aún brotaba del interior. Se inclinó, sintiendo cómo el corazón retumbaba en su pecho. Inspirando hondo, miró adentro.

Vio un cadáver. El cadáver de una chica. Una chica de cabellos rojos, del mismo color que la sangre que emanaba de su cabeza. Sus ojos sin vida estaban clavados en los de ella.
Quiso gritar. Gritar hasta quedarse sin voz, hasta que su chillido interminable y desgarrador se volviera inhumano, hasta que se volviera tan atronador que pudiera destruir con su fuerza ese bosque maldito. Pero no pudo emitir ningún sonido.

Solo pudo alejarse, dar media vuelta y correr. Correr, y perderse para siempre, perderse en un lugar donde estuviera a salvo. Donde las hojas que la rodeaban dejasen de parecerle hechas de sangre, donde ya no pudiera regresar. Correr, correr y correr, huir, hasta perderse ella misma, hasta dejar de recordar quién era, hasta que se deshiciera de su cuerpo y sólo se convirtiera en una sombra atrapada en ese bosque, en un eco, un eco huyente.